jueves, 16 de mayo de 2013

La Iglesia Católica y la doble cara de la hipocresía: Tauromaquia.


En días recientes, el jerarca de la Iglesia Católica de la ciudad de Celaya, México, el obispo Benjamín Castillo Plascencia desató la polémica después de que el gobernador del estado de Guanajuato declarase "Patrimonio Cultural Intangible" a la tauromaquia. La reacción de los grupos organizados por miembros de la sociedad civil para la protección y el rescate animal no se hizo esperar después de la declaración del prelado: "Lamento que haya quienes se oponen a la muerte de los toros y no al aborto". Y es que tal aseveración causó la molestia de quienes están en contra de la supuesta "Fiesta brava" ya que el prelado aseguró que la declaratoria "salvaguarda una tradición antigua como los son las corridas de toros".

El obispo de Celaya en entrevista con los medios, foto Zona Franca

Personalmente me opongo a la tauromaquia y considero que es un espectáculo barbárico, que está fuera de contexto en estos tiempos que corren, tiempos en los que la dignidad de la vida es algo que ha tomado importancia (cuando antes no existían derechos humanos), después de tantos siglos de persecución, genocidio, tortura y otras formas de odio con el fin de imponer dogmas.

Grupos defensores de los derechos de lo animales expresan su sentir por medio de las redes sociales.

Quizá haya que recordar al señor obispo (y a otros miembros de la Iglesia) que los primeros cristianos eran asesinados en la era del Imperio Romano en los coliseos, a manos de experimentados guerreros gladiadores y animales como tigres o leones. Al igual que la tauromaquia hoy en día eran espectáculos sangrientos, pero considerados un deporte y un espectáculo que movía emociones y sobre todo, grandes negocios. Aunque realmente, este tema de las matanzas contra los cristianos es un tema mucho más complejo que necesita profundizarse, pero mientras dejo un vídeo explicativo de este suceso:



Por otra parte, tocando un tema tan sensible y tan controvertido para muchas personas como lo es el aborto, quisiera enfatizar varios puntos que la Iglesia y los grupos conservadores nunca se han preocupado por considerar. El aborto siendo un método para anular la gestación de un embrión o un feto humano, se convierte en un dilema moral por representar una opción para aquellas mujeres que deciden no tener ese bebé en su vientre y que a la vez son juzgadas e incluso procesadas penalmente en estados como Guanajuato por recurrir a ello, sin importar si muchos de estos abortos son naturales. Ciertamente, cuando el aborto se realiza como una "opción fácil" resulta irresponsable de su parte, teniendo opciones anticonceptivas tanto para ella como para su pareja. Sin embargo, en ocasiones la violación se convierte en un calvario para las mujeres que se ven afectadas con un embarazo para nada deseado. En el caso de otras mujeres, sus cuerpos no están preparados para engendrar un niño, por lo que los embarazos de alto riesgo se convierten en un riesgo de muerte para la madre o para el bebé.

La Iglesia Católica se opone al aborto, pero considera la tauromaquia "una antigua tradición".


El aborto debe ser un recurso crítico, el último, siempre y cuando esas problemáticas previamente citadas lo justifiquen. La Iglesia y los conservadores necesitan ampliar su criterio y tomar en cuenta las necesidades de las mujeres (muchas de ellas muy jóvenes y tristemente en otros casos, niñas) que se ven afectadas por embarazos de riesgo, o no deseados, o producto de una violación. De seguir ignorando estas circunstancias, las Iglesias seguirán perdiendo adeptos por tener en su seno a representantes que poco les interesa la opinión de la sociedad. Antes de juzgar a la sociedad (aunque no sean miembros de su feligresía) por temas como el aborto, el amor y el sexo, la tauromaquia o los matrimonios entre personas del mismo sexo, deberían de corregir los graves problemas de pederastia en su institución.

La Iglesia Católica cambiará su retórica castigadora hasta que sus miembros sean capaces de formar una familia, proteger a sus hijos de los pederastas, cuando vean a sus esposas e hijos morir por culpa de un embarazo que ya era peligroso. Una Iglesia lejana a la gente sólo la verá cada vez más distante.


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